
Hay una leyenda sobre el juego de las pasiones, que juntas jugaban a las escondidas,
como consecuencia a ese juego la moraleja es simple y compleja:
el amor, al tener miedo, salió herido, y desde entonces la locura son sus ojos.
Recuerdo muy bien haber tenido miedo al enamorarme,
a salir herida,
pero nunca recuerdo
haber hecho una locura,
salvo esconder mi angustia ante tu cobardía,
no reconocer tus mentiras bajo el maquillaje de tus besos,
salvarte a vos y a tu vida cotidiana con mi partida.
Entonces si, cometí una locura una vez,
dejarme ir…